Índice por apartados:
2.- Entre los pucheros anda Dios (Margarita).
3.- Proyecto personal de vida y acompañamiento espiritual.
* Primer curso.
* Segundo curso.
* Tercer curso.
* Reuniones de catequistas.
5.- Catequesis de Confirmación.
6.- Convivencia Inicial en el Sahúco.
7.- Oratorio en catequesis con niños y jóvenes.
¿Cuál será mi Vocación?
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La Vocación "no es" - "es" |
No es |
Es |
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Al tomar tu decisión vocacional |
No olvides nunca que...
- Quieres entregarte a Dios: tus ilusiones, tu vida, tus comodidades, el amor, la compañía, el honor, el dinero, la gloria, la fama.
- La vocación, la llamada de Dios, no se pierde. Pero puedes dejar de escucharla, si diariamente no eres fiel a tu entrega, fiel a los propósitos que hoy haces, fiel por encima de todas las dificultades.
- Las dificultades y sufrimientos son inherentes a la vocación. De ahora en adelante cuenta con ellos. Cuenta con los ratos de aburrimiento, con tus soledades, con la incomprensión de los demás, con la monotonía... Los sufrimientos suelen venir por donde menos lo esperamos.
- La perfección no es de este mundo y lo que importa es tu esfuerzo continuo por superarte.
- El desánimo es una tentación de abandonar lo grande. No te desanimes cuando te experimentes incapaz de salvar el mundo, cuando veas la posible dejadez de algunos consagrados a Dios, cuando te encuentres como sólo en tu ideal, cuando observes a tu alrededor la indiferencia de los que debían ser mejores.
- Sin vida constante de oración, de unión con Dios, pronto estarás más cerca del «mundo» que del «cielo» y entonces no vale la pena tu sacrificio de hoy.
- Que una tentación constante en tu vida va a ser la de querer recuperar, poco a poco, lo que hoy dejas. Y un sacerdote, una religiosa consagrada a Dios, no puede ser un/una triste solterón/solterona forzado a serlo.
- Y recuerda diariamente, que la felicidad en tu vocación está en razón directa con tu entrega total. Dios jamás defrauda a quien pone toda su vida al servicio de la causa del Reino.
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¿Qué es Pastoral Vocacional? |
La respuesta es muy sencilla, al alcance de cualquier mente y cualquier corazón que sea joven y que esté abierto y en diálogo con la vida.
Sólo de dos cosas fundamentales se trata. Todo lo demás viene por añadidura. Y esas dos cosas fundamentales son:
1. Pastoral Vocacional trata de hacernos caer en la cuenta de que todos nosotros estamos llamados en la vida a algo esencial:
- ser felices
- y hacer felices a las personas que nos rodean
2. Y, en
segundo lugar, ver cómo podemos cada uno
de nosotros encontrar ese camino de
felicidad, y cómo seguirlo lo más
adecuadamente posible, puesto que nos
interesa muchísimo.

Todo lo demás viene por añadidura, ya lo decíamos antes.
En otras palabras, en Pastoral Vocacional tratamos de ver cuál es nuestro camino en la vida, partiendo de dos preguntas claves:
- ¿Qué quiere Dios de mí?
- ¿Cómo puedo yo servir mejor a los demás?
Y al respondernos a estas dos cuestiones veremos diversas posibilidades, todas ellas caminos de Dios y caminos de servicio y entrega a los hermanos. Por lo pronto nos diremos:
¿Mi camino es la vida laical, como madre o padre de familia, como mujer u hombre trabajando por un mundo justo, solidario, en paz... según Dios quiere?
¿Mi camino es la vida consagrada, como sacerdote, religiosa,... viviendo desde el Señor en el servicio a la Iglesia y a este mundo, a los más necesitados (ancianos, niños, jóvenes, enfermos, gente con especiales dificultades...)?
Pues bien, de respondernos a todo esto, y de cómo hacerlo, se trata en Pastoral Vocacional.
Concretando un poco más
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La vocación fundamental del hombre es la vocación a la vida, una vida concebida como semejanza de la vida de Dios. Descubrir a Dios Padre como creador provoca el conocimiento de que la vida es una entrega a la libertad del hombre, llamado a dar respuesta personalísima y original, responsable y llena de gratitud. Dios me ha llamado de la nada. Entre los miles de millones de seres posibles, Él me ha elegido y me ha llamado a mí. Mi vida está constituida por esa llamada. Mi vida continúa porque Él continúa llamándome impidiendo que vuelva a caer en el silencio de la nada del que fui sacado. Mi existencia es fruto del amor creador de Dios, de su palabra creadora. Vengo a la vida porque soy amado, pensado y querido por una Voluntad que nos ha preferido a la no-existencia, que nos ha amado antes de que fuésemos. UNA VOZ QUE ME LLAMA Mi vida es una Voz que me llama, la Voz potente de Aquél a quien se debe todo lo que existe; mi vida es una respuesta obligatoria a esa Voz que me está llamando. En la existencia de algunos hombres la llamada de Dios se ha dejado realmente sentir con la inmediatez concreta de una voz humana, suscitando la sorpresa o el sobresalto que experimentamos cuando nos sentirnos llamar de improviso por nuestro nombre. Esto es, pues, lo que anima la concepción cristiana de la vida: que la vida es vocación, que la vida es llamada. Y el sentido de las cosas y de las circunstancias consiste en que son como palabras en las que se articula el sonido de esa voz inefable. FIARSE La vocación es lo que explica, en la raíz, el misterio de la vida del hombre, misterio de predilección y gratuidad absoluta. De hecho, existe una criatura en la que el diálogo entre la libertad de Dios y la libertad del hombre se realiza de modo perfecto, de manera que las dos libertades puedan actuar realizando plenamente el proyecto vocacional. Una criatura que nos ha sido dada para que en ella podamos contemplar un perfecto designio vocacional, el que debería cumplirse en cada uno de nosotros. María es la imagen de la elección divina de toda criatura, elección que va más allá de lo que la criatura puede desear para sí: que le pide lo imposible y le exige sólo una cosa: fiarse.
Ella es
modelo de la libertad humana en la
respuesta a esta elección. Libre
para pronunciar su sí, libre para
encaminarse por la larga
peregrinación de la fe. UN LUGAR: CRISTO
Estamos llamados a vivir y ser en Cristo. El hombre es vocación a Cristo, por lo mismo, vocación a la Iglesia, conjunto de los que forman el Cristo actual. Si, pues, todo ser humano tiene su propia vocación desde el momento de su nacimiento, existen en la Iglesia y en el mundo diversas vocaciones que manifiestan la imagen divina impresa en el hombre. "La Iglesia particular es como un jardín florido, con gran variedad de dones y carismas, funciones y ministerios. De aquí la importancia del testimonio de la comunión entre ellos, abandonando todo espíritu de competencia". Conoce cada una de las distintas vocaciones eclesiales
EL MATRIMONIO SACRAMENTO DEL AMOR DE DIOS Dios es amor y se siente impulsado a dar el ser, la vida, a otros seres a quienes amar y por quienes ser amado. Dios crea así al ser humano, a su imagen y semejanza. La pareja humana es la imagen de Dios. El amor humano es la imagen y semejanza del amor de Dios. Por eso el ser humano lleva marcado hasta en su cuerpo, por el sexo, por su condición de ser para otro, de estar creado para el amor. El hombre es para la mujer; en su cuerpo lo lleva. La mujer es para el hombre. El hombre no puede encontrar en sí mismo el principio de su realización de su plenitud. Cuando se da, cuando ama, cuando "es para", entonces lo consigue. Tanto más plenamente será él cuanto más total sea su donación.
El
hombre o mujer consagrados viven en
otra dimensión su "ser para". En una
dimensión de universalidad: es para
todos especialmente para los más
desasistidos; es para Dios. Esta
dimensión del consagrado recuerda a
los esposos dos cosas:
Desde
el principio el amor de pareja fue
un signo del amor de Dios a los
hombres. Era una realidad de la
creación que hablaba de Dios. Por
todo el Antiguo Testamento vemos
como los profetas se sirven de esta
realidad natural para hacernos
entender que es un Dios que nos ama. EL MATRIMONIO COMO VOCACIÓN
Hemos
restringido excesivamente en su uso
el término vocación. Cuando se dice
de alguien que tiene vocación,
entendemos será religiosa, religioso
o sacerdote.
Esta
llamada universal a todos se
concreta en dos grandes llamadas,
dos modos de ser cristiano en
seguimiento de Jesús, dos grandes
vocaciones en las que se resume la
vida cristiana:
Así la
vocación matrimonial es una llamada
de Dios en la que podemos distinguir
las siguientes notas:
El sacerdote, antes que nada, es una persona elegida por Cristo para que su acción salvadora llegue a todos. Por tanto el sacerdocio es un don de Jesucristo a toda la Iglesia. Jesús mismo es quien llama desde las circunstancias ordinarias de la vida, sin buscar cualidades extraordinarias, así lo vemos en el Evangelio: "No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido a vosotros" Hoy, como entonces, como siempre, Dios también llama a hombres en su vida concreta, en sus circunstancias actuales y les hace la misma invitación que a los discípulos: "venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Hoy, como entonces, como siempre, hay hombres que responden libremente a la llamada de Dios y dejándolo todo le siguen y consagran su vida a ser "pescadores de hombres", esto es, a llevar el evangelio de Cristo y el amor de Dios a todos los hombres en cualquier situación y en cualquier lugar. La llamada de Cristo hace que, más allá de las debilidades y pecados del sacerdote, éste pueda cumplir con su misión en medio de la Iglesia. UNA LLAMADA AL SERVICIO De entre los discípulos Jesús escoge a doce, a los que llamó apóstoles (enviados) para dos cosas: para estar con él y para enviarlos a predicar. Estos dos aspectos nos dicen mucho de lo que es ser sacerdote: - Para estar con Él: No pueden predicar sino están con Él, porque la predicación no es una teoría sobre algo, sino predicar al propio Cristo, palabra de Dios para siempre. Por eso el sacerdote debe estar muy unido a Cristo, es imprescindible para su tarea. Por tanto, para el sacerdote es imprescindible la oración, es su primera obligación, el sacerdote necesita contemplar a Cristo, meditar su palabra, renovar cada día la llamada que le hace ser sacerdote en todo momento y circunstancia. - Para enviarlos a predicar. El sacerdote es un hombre consagrado, dedicado por entero a predicar, a llevar a Jesucristo a los demás. Toda su vida está para esto. Por eso la vocación al sacerdocio exige una respuesta libre y total de la persona, no puede ser de otra manera, la vida del sacerdote queda "expropiada", dedicada por entero a la tarea de predicar. Jesús realiza su misión con obras y palabras, anuncia el Evangelio y lo realiza, por eso da a sus apóstoles "poder para expulsar demonios" es decir para expulsar todo aquello que aleja a la persona de Dios. Jesús predica y está al lado de los enfermos, de los que sufren, de los desesperanzados, a los apóstoles les pide y les da poder para lo mismo. Hoy en la Iglesia los sucesores de los apóstoles, los que tienen este tarea son los obispos, y los sacerdotes son sus colaboradores necesarios en esta tarea confiada por el mismo Cristo. EN MEDIO DE LA IGLESIA El sacerdote realiza la misión que Jesucristo le confía en medio de la comunidad cristiana con tres funciones íntimamente relacionadas entre sí. Se puede decir que son tres aspectos inseparables de la única misión del sacerdote.
- El
sacerdote ministro de la Palabra de
Dios. Debe anunciar y explicar la
Palabra de Dios a todos, para que
cada persona pueda acercarse al Dios
de Jesucristo, para que cada persona
pueda sentirse amada por Dios y
llamada a vivir como Hijo de Dios
siguiendo a Jesucristo. Por eso la
necesidad fundamental de que el
sacerdote rece y tenga gran
familiaridad con la Palabra de Dios.
El sacerdote es el primer "creyente"
en la palabra y así tiene plena
conciencia de que las palabras de su
ministerio no son "suyas" sino de
Aquél que lo ha enviado. El
sacerdote nunca es el dueño de la
Palabra de Dios, es su servidor. No
es el único poseedor de esta
Palabra. es deudor ante el Pueblo de
Dios, de una Palabra que él también
ha recibido en y a través de la
Iglesia. Por eso para poder
evangelizar, el sacerdote, como toda
la Iglesia, debe crecer en la
conciencia de su permanente
necesidad de ser evangelizado. - El sacerdote ministro de los sacramentos. En la celebración de los sacramentos, el sacerdote, presidente de esta celebración, renueva las palabras y gestos de Cristo para comunicar la salvación a los hombres. En la celebración de los sacramentos el sacerdote actúa "en la persona de Cristo" porque por la presencia del Espíritu es ministro de Cristo, cabeza de la Iglesia. Para el sacerdote, como para toda la Iglesia, la Eucaristía ocupa un lugar central en su vida, porque en ella se contiene Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo. - El sacerdote guía de la comunidad cristiana. El sacerdote está llamado a revivir la autoridad y el servicio de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia animando y guiando a la comunidad cristiana. Esta misión incluye la atención particular a cada persona y también a las diversas vocaciones que se dan en la Iglesia. El sacerdote está llamado a entregarse por amor al servicio de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, como hizo el mismo Jesucristo. El sacerdote es parte de la Iglesia, pero también está puesto al frente de la Iglesia, para animar y llevar a toda la Iglesia a Cristo, para que cumpla su misión de ser signo y presencia de Cristo en medio de nuestro mundo. El sacerdote debe también, como parte de su tarea, rezar por todos, poner delante de Dios a las personas que le han sido confiados con sus circunstancias y necesidades. El sacerdote dedica toda su vida a esto, por eso renuncia a muchas cosas, trabajo, familia... cosas buenas en sí mismas pero a las que el sacerdote renuncia para poder estar con Cristo y predicar el evangelio, para cumplir su misión en medio de la Iglesia y del mundo. El sacerdote confía siempre en la promesa de Cristo: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20) y dedica toda su existencia a ser signo vivo de esta presencia.
Puede parecer paradójico, e incluso extraño, que en un mundo donde muy a menudo se manifiesta el poder del mal, donde hay tantas injusticias, odios y guerras, se levante la voz profética de unos hombres y mujeres en medio del desierto de nuestras sociedades, y proclamen un mensaje de esperanza y liberación.... A esto están llamados los religiosos y religiosas del nuevo milenio, como lo estuvieron quienes a ellos los precedieron. Ellos son quienes han aceptado el reto de ser testigos de la belleza de un Dios que es Padre, y que ama a cada ser humano. Son los testigos de la esperanza, que anuncian a los hombres de hoy el Evangelio con optimismo, porque no puede ser de otro modo. El verdadero testigo del Señor Resucitado, es el que transparenta una alegría que nadie le puede arrebatar. Es la alegría profunda y verdadera del cristiano que, aún en medio de las dificultades y sufrimientos, sabe descubrir el rostro amable de Dios.
LA VIDA DE LOS RELIGIOSOS
Consiste en una vida inspirada y
plasmada en la vida de Jesús, de su
existencia humana. Jesús fue un
hombre como nosotros, excepto en el
pecado: el Verbo, que se hizo carne,
vino a enseñarnos cómo se ha de
vivir en este mundo para llegar a la
salvación, a la felicidad plena y
absoluta. Los Evangelios dan
testimonio de ello, y nos narran que
la existencia de Jesús fue, toda
ella, según la voluntad de Dios, y
por tanto fue una existencia que es
para nosotros norma ante la cuál no
hay alternativa. - Vida buena. Buena porque es obediente al amor, y por eso capaz de mostrar humildad, mansedumbre, misericordia, caridad hacia los hermanos, el prójimo, los otros, los últimos y los pobres. - Vida bella. Vivir pobremente, no equivale a estar privado de acoger la belleza de las criaturas, de los hombres, de los acontecimientos cotidianos. Jesús no vivió aislado, sino que vivió una profunda y bella comunión con los hermanos. Él tuvo amigos, amigos verdaderos y muy queridos. Tuvo tiempo para contemplar el atardecer, fue un hombre capaz de percibir de manera sinfónica su propia historia, junto con la de los demás. De la mismo manera, los religiosos/as, tanto los que viven en sus conventos de clausura ofreciéndose e intercediendo por el mundo, como aquellos que a través de las obras de apostolado hacen presente a Cristo en medio del mundo, se abren a la Vida, admirando, lo bueno y la bello que ella encierra.
- Vida
feliz. Sólo quien conoce un motivo
por el que valga la pena dar la
vida, conoce también una razón por
la que valga la pena vivir. Y Jesús
tuvo este motivo y esta razón:
varias veces afirmó querer dar la
vida por los hermanos, los otros,
los hombres; y esto daba sentido a
su vida, haciendo de ella una
misión. La felicidad, se da,
solamente, cuando se ha probado el
sentido de la vida; si Jesús pude ir
al encuentro de la muerte libremente
y por amor, es justamente porque
sabía que ese camino tenía sentido.
Éste es
el proyecto de todo religioso y
religiosa, ser testigo de Jesús que
murió en la Cruz por nosotros, y que
resucitó, salvándonos del pecado,
para darnos la verdadera libertad.
LAICOS QUE SIGUEN A JESÚS DESDE LOS CONSEJOS EVANGÉLICOS
Los
Institutos Seculares son una de las
últimas formas de Vida Consagrada
suscitadas en la Iglesia por la
fuerza del Espíritu Santo, para
corresponder a las necesidades que
la Iglesia encuentra hoy al realizar
su misión. Fueron aprobados por Pío
XII en la constitución apostólica
"Próvida Mater Ecclesia" el dos de
febrero del año 1947 y han nacido y
se han desarrollado inspirados por
el anhelo profundo de una síntesis
entre estos dos polos:
En esta
síntesis de Secularidad y
Consagración, ninguno de los dos
aspectos debe ser infravalorado. Sus miembros son seglares, que viven en el mundo comprometidos con las realidades temporales, colaborando en la construcción del Reino, viviendo su consagración bautismal, siguiendo a Cristo en la vivencia de los consejos evangélicos. La vivencia de los consejos evangélicos en medio del mundo constituye un modo de vida que habla por sí sólo, manifiesta una nueva forma de vivir el gozo y la radicalidad del evangelio.
- Su
castidad dice al mundo: que se puede
amar con el desinterés y perennidad
que brotan del corazón de Dios, y
que es posible dedicarse a todos sin
atarse a nadie, preocupados ante
todo por los más abandonados. COMO FERMENTO EN LA MASA Los miembros de los Institutos Seculares son laicos consagrados. Laicos que no piden ningún privilegio, ni civil ni eclesiástico, que los separe de los otros fieles, pero que asumen todos los compromisos espirituales de una vida dedicada a Dios. Su servicio en la Iglesia consiste en vivir plenamente el Evangelio dentro del mundo, para transformarlo con la fuerza de las Bienaventuranzas. Por eso en cualquier parte se puede encontrar a un miembro de un Instituto Secular y ejercen todas las profesiones, En esta "normalidad" quieren ser auténticos seguidores y testigos de Jesucristo, quieren sentir y hacer sentir de verdad, que Dios ha hecho el mundo y "anda" en medio de él. Los Institutos Seculares testimonian que la posibilidad de ponerse detrás de Jesús está abierta a todos, nadie tiene la exclusiva. Desde el día a día, desde lo cotidiano, como don y como gracia, se experimenta la liberación, se experimenta la presencia del Señor a nuestro lado y la fuerza del Espíritu actuando constantemente en la historia. Nada ni nadie está excluido de la "Buena Noticia" de la experiencia y del conocimiento del verdadero rostro de Dios. La gran novedad que aportan los Institutos Seculares es su "estructura". Una estructura que implica una gran agilidad, movilidad y flexibilidad, para que cada persona pueda responder a la exigencia que comporta su condición de seglar, pero a la vez es una estructura que anima constantemente la comunión de vida a través del propio carisma, por el cual todos los miembros viven un propio ideal, trabajan por los mismos objetivos y disciernen los lugares concretos de compromiso laborales-apostólicos. |
Y ya sabes... ¡estamos a tu disposición en
todo momento!
Entre los pucheros anda Dios
( Reflexiones, desde la fe, de una mujer creyente,
esposa y madre de familia)
En este apartado iremos poniendo algunas reflexiones en clave de fe, de oración, que una persona mayor hace a partir de cualquier acontecimiento o hecho normal de la vida.
“La Presencia de Dios en mi vida”
Sin Él no puedo vivir… y tengo que hablarle de mis cosas, de mis preocupaciones, de mis fallos y de mis alegrías, de las necesidades de los que me rodean, de mis dolores y de mis pruebas y de todo lo que me pasa.
Lo veo en todas partes, y le pido que me dé los “dones de su Espíritu”…
Contemplo la Naturaleza, y todo me habla de Él…
Miro la altura de esas montañas nevadas y veo en ellas un “Templo de Dios”, que me dice: “Soy la Obra de sus Manos, contémplame y aunque pises en la Tierra, no dejes de mirar al Cielo…”
Miro a la Tierra y no dejo de pensar en Él… y lo sigo viendo en todo…
Noto su presencia en mi vida y en todo lo que me sucede…
Abro mis ojos al despertar y me pongo en sus manos: Señor, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias… por el nuevo día, por la lluvia que cae en los campos, por el Sol que ilumina y calienta, por las flores que adornan las calles y los frutos que dan nuestras tierras…
Gracias, Señor, por el Pan que nos das cada día y por las personas que consagran su vida en toda la tierra…
Podemos seguir en oración durante el día diciendo “Amén” a todo conforme vaya viniendo, y, al llegar la noche y antes de cerrar los ojos, pedirle Perdón a Dios con cariño y darle Gracias por su Misericordia.
Si algún día me olvidare de Ti, Señor, Tú no te olvides de mí y llámame como buen Padre; ábreme tus brazos con el tierno gesto de tus “manos en mis espaldas” y dime: “Ven a hablar conmigo, pues te quiero tanto, que no sé estar sin ti”. Y, ese día, me arrojaría a tus pies como el hijo pródigo, y volvería otra vez a verte en toda la “Obra de tus manos”…
Y ahora me pregunto: “¿Podríamos llamarle Oración a esta continua Presencia de Dios en nuestras vidas y en todo lo que nos rodea?...”
“Ven Espíritu de Dios”
Quiero hacer tu voluntad, querer lo que Tú quieras, y caminar por donde Tú me digas.
Andar y seguir tu huella Señor por donde Tú me marques, por donde Tú vayas…
Quiero Señor verte en todas las cosas de mi vida y hacerte partícipe de todo; darte cuenta de los acontecimientos, de mis dudas, de mis problemas, de mis fracasos y de mis decisiones...
Antes de obrar y resolver, hablar contigo; que Tú me inspires y me ayudes a cumplir tu voluntad, Señor, la tuya y no la mía. Y déjame oír tu Voz. Lléname de tu espíritu, abre mis oídos y mueve mi corazón para hacer tu deseo: lo que tú veas que más me conviene.
Dímelo Señor. Seguiré por donde Tú quieras. Ilumíname y dame “Sabiduría” para cumplir tu voluntad y sencillez para “Entenderla”.
Dame la “Fortaleza” que necesite para llevarla a cabo y la “Ciencia” para conocerte mejor cada día…
También, Señor, dame el don de “Consejo” para emplear las palabras adecuadas cuando mis hijos y hermanos me lo pidan.
Dame, Señor, el don de “Piedad” para emplear con los demás la misma misericordia que Tú has tenido conmigo.
Y, por último, el don de “Temor de Dios”, que yo sé, Dios mío, que Tú me vas a llevar siempre en tus brazos para que nunca te deje de amar y jamás experimente el temor donde está el Amor…
Veo, Señor, que estás en todo y te interesas por nosotros; que haces cosas grandes y nos iluminas y ayudas en nuestras vidas y nos das tus dones. Lo sé muy bien porque lo he experimentado y además puedo asegurar tu enorme “Amor”. Nos hace mucha falta en cada momento, y lo teníamos que ver en cada una de las decisiones que tomáramos en nuestras vidas.
Pero Él también es Amor Infinito, quiere vivir con nosotros, dentro de nosotros y para nosotros.
Su convivencia nos trae la Paz, esa paz que tanto ansiamos y que la poseen los hombres de “buena voluntad”: los que ven en todo a Dios, los sencillos y misericordiosos, los que ayudan a los demás, los que consuelan a su hermano, y los que rezan y consagran su vida por amor a Dios y a los hombres.
“El Amén de cada día”
Esta corta y sencilla palabra tiene uno de los significados más profundos que puede haber: “Aceptación total y continua de la Voluntad de Dios”…
Esta criatura que se pone en sus manos, se entrega por completo a Él, sabe que lo ama y se fía de todo lo que le haga. Lo ve en todo y nunca le pregunta por qué.
Ve todo Providencial y, además, ese abandono le produce una gran paz.
Obra siempre en su presencia lo mejor que ella sabe y puede, pero está segura en sus manos…
La persona está feliz, se siente feliz, porque sabe que el resultado de las cosas depende de Dios.
Ella hace lo que puede, aunque sabe que sus fuerzas son limitadas. Por eso se ha puesto en sus manos con ese amor y confianza de las almas sencillas.
Su alegría la transmite a los demás. Es amable y escucha a todos, contagiando su paz a los que lo rodean y dando un poco de luz al que anda en tinieblas.
Todo lo acepta con agrado. Le gusten o no las incomprensiones de los demás, las frases ásperas, la salud y la enfermedad, el triunfo y el fracaso…
Sin embargo hay en todo ello un factor común: Al Dios, al que ve continuamente y en el que pone toda su Confianza y Amor y al que le dijo “Amén” al amanecer, se lo volverá a decir a la caída de la tarde. Entonces saldrá a recibirlo el Hijo de Dios, diciéndole: “Ven, bendito de mi Padre, porque aceptaste su voluntad en todos los momentos de tu vida.”
“María, madre de Dios y madre nuestra”
Cuando Dios por amor quiso perdonarnos, envió a su Hijo, y, al mismo tiempo, que la Naturaleza Divina se uniera a la humana.
Pensó en la Encarnación y en una madre: María, que a la vez es Madre de Dios y también Madre nuestra .
Y fue en la persona de Juan y al pie de la Cruz cuando nos entregó a su Madre al decirle “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; “Hijo, ahí tienes a tu Madre…”
Pero fijaos cómo actuó María… No sólo pensó, enseguida aceptó y contestó con una sola palabra, que trajo al mundo al Salvador: “Hágase…”
Aceptó también de antemano el dolor de su Hijo, su Crucifixión y su muerte, por lo cual se convirtió también en “Colaboradora del Señor en la Redención”.
Dios nos quiso dar una Madre a la que acudiéramos continuamente, que siempre nos librara de todos los peligros: que pudiéramos hablar con Ella, contarle nuestras cosas y que fuera nuestra intercesora ante Dios. Que experimentáramos su ternura y que nos llevara en sus brazos todos los días de nuestra vida.
Además, como es Madre de todos, quiere que nos sintamos hermanos, que nos queramos, que nos ayudemos, que no nos hagamos sufrir los unos a los otros y que juntos, marchemos en la vida, ayudándonos y formando un Mundo Feliz, lleno de Paz y Armonía, en el que caminemos todos unidos con nuestra Madre, intentando hacerlo lo más parecido posible al de “Arriba”. “Éste que, de momento, se nos has dado en la Tierra”.
“Haz de mí, Señor,
un instrumento de tu Paz”
Con esta profunda frase comienza ese canto que todos hemos entonado en la Iglesia, y que es verdaderamente emocionante y profundo, lleno de espiritualidad y sencillez como era San Francisco de Asís.
¡Cuántas ocasiones se nos presentan al día, en las que podríamos ser instrumentos de “Paz”!: escuchando simplemente al que se encuentra enfermo y te hace partícipe de su dolor; acompañando al anciano que se encuentra en soledad; poniendo amor donde encuentres odio y dando el perdón cuando te hayan ofendido; llevando la unión donde esté la discordia, cortando suavemente las críticas, diciendo lo bueno de la persona ausente.
También podemos ser instrumentos de paz allí donde veamos desesperación, poniendo esperanza, interesándonos por sus problemas e intentando ayudarles.
Y también podemos ver a Dios en el trabajo, cumpliendo con nuestro deber, y creando un clima de seriedad y respeto entre los compañeros.
Pero es en la familia donde empezamos a aprender a ser instrumentos de paz, viendo cómo se aman nuestros padres y cómo nos aman a nosotros, enseñándonos a compartir y a querernos, condiciones esenciales para una buena armonía entre los hermanos.
Y fue en aquella sencilla familia de Nazaret donde nació Jesús para poder después entregar su Vida en la Cruz, donde nos trajo el mejor mensaje de Amor y de Paz, que puede ofrecer un hombre: “Su propia Vida”.
“Por el teléfono también nos habla Dios”
Dios ha dotado al hombre de inteligencia, que, bien usada y al servicio de la humanidad, puede relacionar a unos hombres con otros, construyendo vías de comunicación, como por ejemplo: el teléfono, que ha sido y es uno de los aparatos más usados por hombre, y que ayuda, en muchas ocasiones, a romper la soledad y el alejamiento que sufren algunas personas, sobre todo: ancianos, enfermos, incapacitados, deprimidos, etc.
Y puede hablarnos Dios cuando, pensando en Él, lo vemos en todas estas angustiadas personas, que son hermanos nuestros.
Y es precisamente Tu Voz la que suena en nuestro interior cuando conectamos con ellos, por medio de ese aparato llamado teléfono y les decimos: no estáis solos, Dios os ve y está con vosotros y nosotros también.
Háblame, que te escucho y desahógate; dime cómo te encuentras y sal de tu soledad. ¿Qué quieres de mí? ¿Voy a verte?
Y es dentro de esa soledad cuando le habla Dios, por medio de esa persona y a través del teléfono; cuando sonó el timbre y la despertó de su letargo y vio que no estaba sola, y que, en cualquier momento que la necesitara, marcara su número de teléfono, e iría en seguida.
¡Cuantas situaciones angustiosas hay que, por la ausencia de seres queridos o por otras muchas causas, han sido atendidas con una verdadera caridad por personas generosas que, a través del teléfono, transmitieron un mensaje de Paz y de Esperanza!
“Hijo: ahí tienes a tu Madre”…
María, al pie de la Cruz y junto a su hijo, en los momentos más dolorosos de su vida, oyó la voz que le decía: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; “Hijo, ahí tienes a tu Madre”…
Jesús, además de ser Dios, sintiendo un gran amor y ternura hacia la que aceptó sin vacilar su maternidad, no quiso dejarla sola, y le dejó a su discípulo, para que la colmara de cariño y atenciones.
Y Juan, como un buen hijo, cuidó de ella, con amor y delicadeza propia de él.
Recordaban su vida, sus palabras y sus intervenciones, curando enfermos y dando el perdón a los que lo ofendían.
Lo tenían siempre en su corazón, ayudándose siempre el uno al otro.
La figura de María ha conmovido al mundo entero, llenándolo de Amor con su ternura; de Fe, con su continua intercesión ante el Padre para obtener bienes a sus hijos; llenándolo de Esperanza, porque es “Ancora de Salvación” para los que vamos navegando por el mar de la vida.
Vemos también en la figura de Juan muchos hijos buenos que lo han imitado y que han intentado ser alivio y ayuda al dolor de la madre.
Debemos dar gracias a Dios y a todos los hijos, que, con su amor y sacrificio, hacen alegre la vida de los padres, ayudándoles a seguir sonriendo al atardecer de la vida.
“Déjate amar por Dios”
Señor esta tarde, haciendo un poquito de Oración en un libro que Tú has hecho llegar a mis manos, he sentido una gran Paz.
Todo me hablaba de Ti y estaba todo envuelto en un clima de Amor.
No podía cortar, entendía que no me abandonaría nunca y que me quería como el Padre lo quería a Él.
También he entendido, Señor, que buscas personas que se abandonen en Ti, reconociendo que tu Perdón no depende de la perfección con que lo hayamos pedido, sino de la aceptación de “nuestra pequeñez” y de la “entrega total” en tus manos, con una confianza plena en tu Misericordia.
También he entendido, Señor, que me abandono en ti y reconozco mi debilidad depositando toda mi confianza en Ti.
Tú sabes, Señor, lo que me conviene.
Tú también has sido el primero en amar, me has buscado, y yo, Señor, me pongo en tus manos y oigo tu Voz que me dice: “Fíate de Mí…”
Señor, gracias por haber “llamado a mi puerta” esta tarde y haberme mostrado lo mucho que me quieres.
Yo te pido, Dios mío, que siga oyendo siempre tu voz, y suene en mis oídos el “eco de tu llamada”.
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Catequesis de Comunión
Descarga del folleto con la información de cada uno de los cursos de Catequesis:
Solicitud inscripción para la primera comunión.
Información y libros para todos los cursos.
Primer curso.
Segundo curso.
Tercer curso.
Reuniones de catequistas.

Catequesis de Confirmación
Descarga del folleto con la información de cada uno de los cursos de Catequesis:
Motivación e información para catequesis de Confirmación 5º de Primaria
Motivación e información para catequesis de Confirmación 6º de Primaria
Motivación e información para catequesis de Confirmación 1º, 2º y 3º de ESO
Motivación e información para catequesis de Confirmación 4º ESO y Bachiller
Descarga la ficha de inscripción e información en los siguientes enlaces:
Inscripción catequesis parroquial Confirmación.
Información y libros para todos los cursos.
Convivencia Inicial en el Sahúco
Hemos organizado “pasar un día en el campo”: Los niños de catequesis, los que ya han comulgado, los chicos y chicas de los grupos de confirmación, del coro de niños y jóvenes, los grupos de jóvenes, nosotros los catequistas, algún sacerdote y los padres y hermanos que quieran venir. Ese día lo pasaremos genial: cantaremos, jugaremos, haremos nuevos amigos, y al final haremos una Eucaristía para celebrar el comienzo del curso. Este día de campo sería el sábado día 7 de octubre, en La colonia Cristo del Sahúco. Peñas de San Pedro.
1.- Los que queráis venir a pasar ese día en el campo con todos nosotros, pasad por la parroquia cuanto antes, para apuntaros. Vuestro padre o madre también pueden venirse a la excursión. El autobús no cuesta nada, lo paga la parroquia. Sólo tenéis que llevar los bocadillos para comer durante el día.
2.- Venid a apuntaros lo antes posible.
Oratorio en catequesis para niños y jóvenes
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Gracias
a este amor que lo ha creado nadie
puede considerarse superfluo, porque
es llamado a responder según un
designio de Dios pensado
exclusivamente para él. Y por tanto,
el hombre será feliz y plenamente
realizado estando en su lugar,
aceptando la propuesta del amor de
Dios.
Los
religiosos/as, quieren conformarse
con Cristo que vivió casto, pobre y
obediente, de ahí que los votos que
ellos pronuncian, no tienen otro fin
que reproducir ese género de vida
que llevó el Señor a lo largo de su
vida en este mundo.
Es así como ellos acompañan y
enseñan a los hombres y mujeres de
nuestro tiempo el Camino, que es
Cristo, animándoles a mirar siempre
adelante, a lo que está por venir,
fieles al Evangelio y al espíritu de
sus fundadores y fundadoras, que han
sabido escuchar la voz del Espíritu
y seguir la voluntad del Padre.
En definitiva, se trata de seres tan
humanos como el resto, que luchan
decididamente por ser cada vez más
cristianos, seres gratuitos y
libres, disponibles para la misión.